Por Ítalo Omegna

Este 8 de marzo, mientras los colectivos de la izquierda extrema feminista y el gobierno caminaban por la alameda celebrando el Día Internacional de la Mujer trabajadora, en el cementerio Canaán, en Pudahuel, un niño de 6 años, inquieto, jugaba entre las sillas que se ubicaban frente a una tumba cuya superficie se encontraba adornada con diversas coronas de flores.
Este niño trepaba entre las sillas, intercalando con pequeñas pausas para pedir a su mamá algo de comer o preguntarle en cuánto rato volvían a casa.
Ese pequeño aún no tenía conciencia del lugar donde se encontraba ni que era lo que convocaba la ceremonia.
En la tumba, a unos metros bajo la tierra, yacía el cuerpo de su padre.
Ronald Ojeda Moreno, un ex-teniente del ejército venezolano que habitaba nuestro país en calidad de refugiado político, fue secuestrado, torturado y asesinado en territorio nacional. Uno de los sospechosos: El gobierno de Venezuela.
Ronald era una persona inquieta, de esas que les alcanza el tiempo para todo. Seguramente han conocido a alguien como Ronald. Esas personas que, si se trataba de ayudar a un familiar o un amigo, llegaban inmediatamente, ya sea para pintar una pared, ayudar en una mudanza o juntarse a conversar y tomar una cerveza, aunque Ronald apenas tomaba.
Era de aquellos cuyas ganas de salir adelante le impedían dormir muchas horas, organizado, trabajando en todo lo que se le ocurriera o presentará la oportunidad.
Un padre, un esposo y un amigo. Su esposa me contaba cómo Ronald le hablaba de que quería subir de peso y seguía a un influencer fitness de tiktok a quien le llamaba “mi coach”. “Amor, mi coach dice que tengo que comer estos carbohidratos, estas proteínas.” Relataba la viuda entre risas.
Esa inquietud y ese interés en ayudar a quien lo necesitara lo llevaron el año 2017 a cuestionarse junto a un puñado de soldados en Venezuela la legitimidad del régimen al cual servían. Esta reunión, o más bien, esta conversación, fue motivo para que el día 25 de marzo de 2017 Ronald fuera llevado detenido de manera clandestina a la cárcel de Ramo Verde en Caracas y donde fue sometido a sistemáticas torturas. La familia en ese entonces no sabía qué le había pasado hasta que unas semanas después le permitieron llamar a su esposa para advertirle que estaba vivo.
9 meses estuvo recluido de manera clandestina por la narco-dictadura de izquierda, hasta que finalmente el 30 de noviembre del mismo año consiguió escapar. Se escondió en Venezuela por un tiempo hasta que bajen las alarmas y apenas vio la oportunidad, huyó del paraíso socialista latinoamericano.
Tras encontrarse con su esposa y su pequeño hijo en Perú, viajan a Chile solicitando asilo político. País donde finalmente se establecen y comienzan su nueva vida.
Tiempo después, una vez otorgada la condición de refugiado político, Ronald es secuestrado desde el interior de su departamento ubicado en la comuna de Independencia, frente a su esposa y su hijo de 6 años -a quienes durante la búsqueda se les aconsejó guardar silencio-. Finalmente, el 1 de marzo, el cuerpo de Ronald fue encontrado bajo tierra a metro y medio de la superficie en una maleta con evidencia de haber sido torturado. Tras largas indagatorias, su cuerpo fue finalmente entregado a sus familiares, quienes le dieron sepulcro este viernes 8 de marzo.
En el inhumanamente tardío discurso del presidente al referirse a la narco-dictadura, la palabra “autoritario” reemplaza a “totalitario” y, si bien reconoce violaciones de derechos humanos en el país caribeño, la palabra “sistemático” se encuentra ausente. Esa misma palabra que repitió con tanto ahínco al describir el actuar del difunto presidente Piñera durante el intento de golpe izquierdista perpetuado en 2019.
Cuando las violaciones no son sistemáticas, sino más bien hechos aislados, se respaldan las declaraciones de la ex Alta Comisionado de Derechos Humanos de la organización de naciones unidas, Michelle Bachelet, quien le pidió a través de redes sociales a Nicolás Maduro que terminará con la “tendencia” dictatorial de su régimen. “Tendencia” porque cuando la izquierda habla de hechos aislados, entonces no estamos tratando con una dictadura consolidada, cuyas políticas y régimen del terror han generado la hambruna de su pueblo y el éxodo de más de 7 millones de venezolanos.
Qué curioso que quienes se han apropiado del discurso de los derechos humanos, aquellos que alzan la bandera de la justicia social, no se hayan hecho presente en el funeral de un refugiado político que fue torturado bajo una dictadura y posteriormente secuestrado, torturado y asesinado en territorio nacional y bajo el alero de una gobierno de extrema izquierda como el de Gabriel Boric. Tal vez, la justicia social no es aquello que dicen que es.
Un gobierno cuyos miembros de coalición han justificado el brutal crimen de Ronald por tratarse, según ellos, de alguien que intentó un magnicidio al dictador Nicolás Maduro. Por supuesto, el Partido Comunista no sostiene igual estándar para con el intento de magnicidio a Augusto Pinochet ni con quienes asesinaron en plena democracia al senador Jaime Guzmán.
Como si resultara poco, algunos comunistas han intentado instalar la idea de que el sofisticado secuestro consistía en un simple ajuste de cuentas entre narcotraficantes. Esto se debe a la participación del Tren de Aragüa en el crimen, peligrosa organización que lleva años operando en nuestro país.
Durante la investigación se descubrió que, Walter Rodríguez Pérez, quien sería el autor intelectual del operativo, habría trabajado para el gobierno venezolano por al menos siete semanas en el “GE despacho del Gobernador”, en Aragua. Uno de los hombres más poderosos de Venezuela. Esto puede ser sorpresa para quienes desconocen la relación del Tren de Aragüa con la narco-dictadura venezolana.
Pero lo cierto, es que el Tren de Aragüa inicia como un sindicato en la ciudad de Aragüa que se forma a razón del proyecto de construcción de un ferrocarril en aquel Estado. Sin embargo, la obra sorpresivamente se habría quedado sin fondos y, por lo tanto, inconclusa. No obstante, el sindicato continúa operando en la ciudad, obligando a los propietarios de pymes y otras empresas a contratar a sus miembros. De otra forma, sufrirían graves consecuencias.
Con la consolidación de la narco-dictadura, el Tren de Aragüa pasó a ser un brazo armado del gobierno, implementando servicios de secuestros, sicariatos y, por supuesto, siendo empleados para el tráfico de drogas, principal actividad comercial del régimen venezolano.
Para que se hagan una idea, se reporta que el cartel de Sinaloa envía frecuentemente emisarios a Venezuela para asegurar una producción y flujo constante de cocaína. Brian Blue, un peligroso narcotraficante de Surinam que se encuentra prófugo luego de que Insightcrime expusiera sus presuntos vínculos con el vicepresidente de su país, Ronnie Brunswijk, dirigió una importante red de tráfico de drogas transnacional que exportaba cocaína desde Colombia a Europa a través de Venezuela y Brasil, según una sentencia judicial brasileña. El mismo sitio reporta que exmiembros de la FARC, esos que no quisieron sumarse al acuerdo por la Paz de 2016, pero que guardan una buena relación con el presidente Gustavo Petro, no solo operan en suelo venezolano, sino que además mantienen alianzas y enfrentamientos con grupos criminales de Colombia y Venezuela, así como con contactos políticos y militares en territorio venezolano. El ELN guarda intima relación con el gobierno según el mismo sitio.
Las negociaciones entre bandas criminales y jueces son parte de la estructura gubernamental. Una ONG que trabaja con asuntos penitenciarios llamada “Una Ventana a la Libertad” reportó a principios de 2023 múltiples denuncias de jueces que exigían sobornos a cambio de servicios judiciales. Un juez en Venezuela gana entre USD100 y USD250 mensuales, lo que parece más bien un subsidio a un servicio que depende de los lucrativos acuerdos que realizan con los delincuentes. Esto el gobierno venezolano lo hace a propósito, dado que sobrevivir con un salario judicial es imposible, cierto nivel de corrupción se hace inevitable. Esto permite a los partidarios de Maduro aprovechar la impunidad, ofreciéndosela a los funcionarios judiciales leales a sus intereses, mientras que mantiene la posibilidad de enjuiciamiento como una amenaza implícita para aquellos que no ayuden a promover sus intereses. Misma conclusión sostiene el informe de la Misión Internacional Independiente de la ONU de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, en donde confirman que altos cargos del gobierno dictan habitualmente la forma en que los jueces resuelven los casos y cometen delitos con impunidad.
Les cuento esto a propósito de que el líder fugitivo del Tren de Aragua, Héctor Rusthenford Guerrero Flores alias “Niño Guerrero”, enviara a finales de enero de este año un sobre con grabaciones incriminatorias a la Fiscalía General. Estas grabaciones incriminaban al fiscal Renny Amundaraín Durán y a la defensora pública Adys Salcedo, quienes están siendo acusados por cargos de retardo u omisión intencional de funciones, obstrucción de la administración de justicia y asociación para delinquir.
Lo curioso es que el fiscal Renny Amundaraín Durán antes de negociar con el Tren de Aragua, dirigió las investigaciones de varios casos de ejecuciones extrajudiciales de alto perfil y encabezó las detenciones de activistas y periodistas críticos con el régimen del presidente Nicolás Maduro.
Es evidente que la molestia del líder del Tren de Aragua con el fiscal es compartida por el dictador venezolano.
Es por esto que todos los venezolanos saben qué buena parte de su país se administra desde las cárceles, las cuales se convirtieron más bien en centros de gerencia y atención al cliente del gobierno izquierdista. Incluso, es sabido, que las bases del tren de Aragua se encontraban establecida al interior de la cárcel de Tocorón en Aragüa hasta septiembre de 2023. Esto cambió tras la recuperación de 7 cárceles por parte del gobierno que servían como bases operativas para bandas criminales; por supuesto, cuando llegaron estas ya se encontraban vacías.
Esto que les cuento no es secreto de Estado ni mucho menos. No hace falta indagar mucho para conocer la realidad del país caribeño.
Por supuesto que Monsalve se encontraba al tanto de esto cuando decidió firmar un acuerdo de transferencia de datos con la narco-dictadura. Y por supuesto que en el Partido Comunista, fiel aliado del régimen al cual se niegan a llamar “dictadura”, estaban al tanto de esta realidad cuando tras el brutal asesinato del teniente Ojeda deciden invitar al embajador de Venezuela al homenaje anual de la comunista Gladys Marin.
Todo es muy sospechoso.
Es curioso que el 24 de enero de este año, Nicolás Maduro entregue por cadena nacional la lista de 33 soldados que han sido degradados y acusados de traición a la patria por la narco-dictadura. Crimen cuya pena consiste en al menos 30 años de cárcel. En esta lista, como pudo adivinar, estaba el nombre del teniente Ronald Ojeda Moreno.
También es curioso que menos de dos meses después de esta cadena nacional, a las 3 de la mañana, entren 4 venezolanos altamente entrenados, con uniformes de PDI y fuertemente armados al departamento de Ronald, encañonen a su esposa; quien al oír la voz de los efectivos se percató inmediatamente de que se trataba de compatriotas.
Son las 3 de la mañana y a su departamento entran 4 sujetos con sus armas de fuego en mano. La esposa de Ronald comienza a gritar mientras su hijo de 6 años llora desconsoladamente del terror. Entonces uno de los sujetos dirige su arma de fuego a la mujer y le grita que se calle. En ese preciso instante, la esposa del teniente Ojeda se percata de que se trata de venezolanos. Ronald mira a su mujer y le pide que se calme, diciéndole que todo va a estar bien.
Se lo llevan en calzoncillos y esposado caminando por los pasillos con un brazo alrededor de su cuello.
Es necesario destacar la serenidad con la que Ronald se ve en los videos. Una calma, coraje y dignidad que han tenido solo los grandes hombres de la historia durante situaciones de parecido desamparo y terror. A paso firme, erguido camina por los pasillos de su edificio dirigiendose hacia su ya anunciado fatal destino. Todo para proteger y tranquilizar a su familia. En los registros visuales del ascensor se le ve incluso respondiendo y alzando sus cejas a sus captores. No hubo lágrimas, no hubo súplicas, no hubo vacilación. Un video que estremece por su coraje.
La mujer esperó unos minutos y bajó corriendo a conserjería a preguntar por qué los dejaron pasar, asegurando que se trataba de venezolanos. El conserje le dijo que no, que eran chilenos. Sin embargo, más tarde aquel conserje declararía no estar seguro.
Inmediatamente, solicita llamar a carabineros. El número que primero responde es el 149, el fono familia. 3 horas más tarde, es decir, a las 6 a. m. llegan carabineros, quienes se toman con inentendible ligereza la situación. A tal punto que la viuda recuerda haber escuchado una que otra risa mientras tomaban sus declaraciones. “No se lo tome tan a pecho”, le dicen los carabineros en el lugar.
Lo cierto es que la búsqueda comenzó inusualmente tarde. Y Ronald fue encontrado 9 días después en el interior de una maleta en la que fue enterrado vivo en un campamento de Maipú en el cual viven haitianos.
Michelle Bachelet, la ex Alta Comisionado de Derechos Humanos que se niega a reconocer que Venezuela es una dictadura consolidada, la misma que pasó su exilio en Alemania Oriental sin jamás haber hecho declaración alguna con respecto a las violaciones de derechos humanos cometidas en el paraíso comunista que tuvo que construir un muro para que sus ciudadanos no se escaparan; la misma que en las filas de la organización terrorista MIR operaba bajo el seudónimo de comandante Claudia, fue quien en su segundo mandato traía aviones repletos con ciudadanos haitianos sin, al parecer, contar con un plan de integración. Es decir, sin un plan para saber en que trabajarán o donde se iban a alojar. Muy curioso.
Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista, hace unos días declaró que a mucha honra se niega a llamar a Venezuela una “Dictadura”.
Michelle Bachelet y Gabriel Boric se resisten a reconocer que se trata de una dictadura consolidada. Y ninguna autoridad se hizo presente en el funeral.
Por supuesto que no es casualidad. La presencia de Gabriel Boric o de alguna autoridad habría implicado reconocer en cierta medida que el régimen amigo venezolano habría estado involucrado en el crimen.
El silencio y ausencia cómplice del gobierno, a mí por lo menos no me sorprende. Es justamente personas como Ronald quienes desafían con su heroica dignidad a quienes carecen de ella. Estoy señalando que el gobierno y la gran mayoría de los líderes políticos junto con los acólitos de la justicia social no tienen dignidad porque han renunciado a ella. Y al igual como el verdadero arte, ese que conecta con lo bello, lo bueno y lo verdadero es capaz de mostrar al posmodernismo como la basura que en realidad es, las personas como Ronald revelan a quienes no poseen dignidad alguna.
Para la izquierda, los derechos humanos valen siempre y cuando sean funcionales para su causa y si la misma requiere entregar a un refugiado político en manos de una narco-dictadura dejando a un niño de 6 años sin su papá, entonces están dispuestos a sacrificarlo.
Es exactamente la misma razón por la que su ideología el siglo pasado asesinó a más de 150 millones de seres humanos y está claro de que si lo pueden volver a intentar, están dispuestos a hacerlo.
Pero no hay mal que dure mil años y por más que intenten manchar el nombre del teniente Ronald Ojeda Moreno con elucubraciones lúgubres, quienes conocimos a Ronald, jamás olvidaremos quién fue y lo que le hicieron.
Ronald Ojeda Moreno fue un padre, un esposo y un amigo. Pero sobre todas las cosas, un luchador por la libertad de su país de inquieto intelecto y sobresaliente valentía.
Alguien que estaba convencido de que la mejor manera para combatir a la izquierda latinoamericana era por medio del conocimiento y la educación. Su testimonio era aquello con lo cual contaba para hacer ver al mundo cómo opera el socialismo y sus fatídicas consecuencias. Prueba de esto es un libro en el que se encontraba trabajando, el cual relata su experiencia bajo el régimen y sus reflexiones.
El 21 de enero escribió en su cuenta de X: «Como amo la libertad, tengo sentimientos nobles y liberales; y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos». El Libertador.
Y vaya que fue severo con sus cobardes captores quienes creyeron que se arrodillaria ante ellos.
El teniente Ronald Ojeda Moreno es un mártir de la Libertad, víctima de un cobarde crímen que apunta a la narco-dictadura venezolana, quienes habrían actuado bajo el alero del gobierno de Gabriel Boric. Su crimen, lejos de asustarnos, nos entrega más fuerzas que nunca para seguir luchando en contra de la izquierda latinoamericana. Mientras su hijo continúa creciendo, y a medida que desarrolle conciencia de lo sucedido, sabrá que la valentía de su padre jamás será olvidada y su lucha continuará en el obrar de todos quienes ven en él una fuente de inagotable inspiración.
Viva Chile y Venezuela libres.
#RonaldEterno