Por Ítalo Omegna

Durante la ENADE el presidente de la República, Gabriel Boric, afirmó estar dispuesto a avanzar en una reforma al sistema político. Esta declaración fue sin dudas la que sacó más aplausos entre los gremios empresariales del país. Por supuesto, el avanzar sobre esta reforma estaría inicialmente condicionado a la ansiada reforma de pensiones.
La reacción por parte de la derecha no se hizo esperar. Inmediatamente, se puso sobre la mesa la reforma al sistema político incorporada al rechazado segundo proyecto constitucional, la cual contó con aprobación desde Republicanos hasta el Partido Comunista. Vale preguntarse que pensarán de esto los defensores del “a favor” que vociferaban jamás pactar con los comunistas.
Pero, ¿qué dice esta propuesta que pareciera generar acuerdo entre todos los partidos políticos?
Son al menos 3 los puntos sobre los cuales pareciera haber consenso: Un umbral de un 5% del partido político para acceder a un cupo parlamentario; el parlamentario que renuncia al partido que lo llevó al Congreso o es expulsado por este pierde el escaño; y, una facultad al Servel para asegurar que los partidos políticos tengan una buena observancia de la conducta partidaria.
El umbral del 5% se aplicaría a nivel nacional, lo que habría dejado fuera de la elección parlamentaria de 2021 a 35 parlamentarios electos. Además, esta medida excluiría completamente a los candidatos independientes, ya que no hay ningún distrito en el país donde sea posible alcanzar esa cantidad de votos, excepto en Maipú.
Aunque esta medida pretende reducir el número de partidos políticos, en realidad vuelve imposible la formación de nuevos partidos, mientras que los existentes sobrevivirían gracias a los pactos electorales que no serían modificados por la reforma.
La pérdida del escaño en caso de renuncia o expulsión del partido es una medida que recuerda a los regímenes totalitarios, y sorprendentemente, es apoyada por Republicanos. Esta medida revela una distorsión alarmante, especialmente considerando que proviene de aquellos que constantemente enfatizan la superioridad de la democracia en sus discursos políticos. La vinculación del escaño al cupo partidista, en lugar de reflejar la voluntad de los votantes al elegir a un candidato específico, es un síntoma de una comprensión oligárquica en la que el ciudadano queda relegado a la categoría de súbdito. En resumen, nos convertimos en el reinado de las cúpulas políticas.
Conceder al Servel la facultad de intervenir en los asuntos internos de los partidos implica una supervisión estrecha de los colaboradores políticos hacia aquellos partidos que desafíen el sistema establecido, sometiéndolos a la discrecionalidad de un organismo que ya ha mostrado dificultades en cuanto a la formación de partidos disidentes, como hemos experimentado nosotros al igual que otros partidos.
En resumen, esta reforma consolida una oligarquía e institucionaliza lo que conocemos como «casta política». Elimina la competencia desde la institucionalidad, asegurando el poder a un grupo selecto de burócratas que han sido los responsables del continuo declive de nuestra patria. Chile necesita una reforma política, pero no esta.
Necesitamos elecciones parlamentarias de medio término, reducir el número de parlamentarios e incluso elevar los requisitos para acceder a los cargos de representación popular, pero sin eliminar por completo la competencia mediante decreto.
Si esta reforma se aprueba, nuestras aspiraciones de establecer el primer Partido Libertario de Chile se verán frustradas y el país quedará a merced de lo que hoy más que nunca podemos llamar «casta política». Una casta que abarca desde Republicanos hasta el Partido Comunista.
Es la misma casta que permite que nuestros compatriotas sean víctimas de terroristas y delincuentes, persiguiendo y condenando a quienes se defienden. La misma que aboga por dejarnos desarmados y que, ante cualquier crisis, propone la creación de un nuevo organismo o ministerio. La misma que, en nombre de la nacionalización, se ha enriquecido a costa de empresas como Codelco, dejando deudas colosales a las próximas generaciones. Comparten abogados, destinos vacacionales y opulentas cenas.
Necesitamos un Partido Libertario que se enfrente a la casta política y lleve la voz de los chilenos de bien a la poltrona: los emprendedores, los estudiantes, los asalariados y todos los pagadores impuestos. Hoy más que nunca: Somos nosotros contra la casta.
